La inestabilidad geopolítica y el impacto directo del conflicto en Medio Oriente sobre el mercado de hidrocarburos han generado un cambio de paradigma en el parque automotor argentino. Luego de años de estancamiento, las conversiones de vehículos a Gas Natural Comprimido (GNC) atraviesan una etapa de revitalización histórica, con un incremento de la actividad del 70% interanual.
Según datos oficiales del Enargas, solo durante el mes de marzo se registraron 7.379 conversiones, una cifra que representa un salto del 55% respecto a febrero, cuando se habían instalado 4.766 equipos. Este fenómeno, que no se veía con tal magnitud desde 2022, encuentra su principal motor en la brecha de precios entre los combustibles.
La brecha que impulsa el cambio
El disparador económico es innegable: mientras el litro de nafta súper ya supera los $2.000 en diversas regiones del país, el metro cúbico de GNC se mantiene por debajo de los $800. A esta diferencia de precio se suma un factor de rendimiento: un metro cúbico de gas equivale aproximadamente a 1,3 litros de nafta, lo que potencia el ahorro por kilómetro recorrido.
Desde la Cámara del GNC señalan que un vehículo de uso particular que recorra unos 2.000 kilómetros mensuales puede generar un ahorro de $260.000 al mes. Bajo esta lógica, el ahorro acumulado cada 10.000 kilómetros alcanza los $1.200.000, permitiendo que el equipo «se pague solo» en un plazo muy breve.
Costos y financiación
A pesar de la alta demanda, el sector busca facilitar el acceso a la tecnología de quinta generación a través de planes de pago. Los valores actuales de los equipos oscilan según la capacidad del cilindro:
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Equipo básico (40 litros): Aproximadamente $1,4 millones.
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Equipo estándar (60 litros): Aproximadamente $1,6 millones.
Para amortiguar el impacto inicial, la mayoría de los talleres especializados ofrecen financiación con tarjetas de crédito en hasta 18 cuotas, permitiendo que el usuario cubra el costo de la cuota con el mismo dinero que ahorra al no cargar nafta.
Mitos y expansión del sector
Pedro González, presidente de la Cámara de GNC, destacó que la Argentina es una potencia en este segmento, produciendo sus propios equipos y garantizando eficiencia y confiabilidad. Asimismo, buscó derribar el prejuicio sobre el desgaste mecánico: «Existe la idea de que el gas daña el motor, pero vehículos como los taxis superan los 400.000 kilómetros sin inconvenientes», afirmó.
El fenómeno ya no se limita a los autos particulares. La transición hacia el gas está ganando terreno en la logística de carga y el transporte público. Un ejemplo claro es la empresa Metropol, que ya opera más de 150 colectivos impulsados a GNC en la Capital Federal, consolidando al gas natural —el combustible más abundante del país— como la alternativa más viable y económica frente a la crisis energética global.










































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