La tensión global escaló nuevamente este viernes luego de que la Comandancia de la Fuerza Naval de Irán declarara que la administración del Estrecho de Ormuz ha entrado en una «nueva etapa». A través de un comunicado oficial, las autoridades persas señalaron que, tras dos días de silencio militar, tanto aliados como adversarios deben comprender que la gestión de esta vía —por donde circula el 20% del petróleo y gas mundial— ha pasado a un nivel renovado bajo el liderazgo del ayatolá Mojtabá Jameneí.

Este anuncio surge como respuesta directa a las recientes presiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien exigió el cese inmediato del cobro de «tasas» a los buques petroleros y condicionó la suspensión de ataques militares a una apertura completa y segura del estrecho. Aunque Trump acordó una tregua temporal de dos semanas, el gobierno iraní, a través de su canciller Abbas Araghchi, advirtió que el tránsito solo será posible mediante una coordinación directa con las Fuerzas Armadas de Irán, debido a las limitaciones técnicas y de seguridad en la zona.
La situación mantiene en vilo a los mercados energéticos, dado que el bloqueo casi total de la ruta tras las agresiones de Estados Unidos e Israel ha provocado un alza significativa en los precios de los combustibles. Mientras Irán supedita la continuidad del alto el fuego a que no existan nuevas violaciones por parte de Israel, la incertidumbre persiste sobre si esta «nueva fase» implicará un control más estricto o el cobro formal de peajes en uno de los puntos más críticos de la geopolítica internacional.


















































