Tras más de dos décadas de negociaciones, interrupciones y tensiones diplomáticas, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur ha recibido finalmente la «luz verde» necesaria para su concreción. Este viernes, una mayoría cualificada de países miembros de la UE dio su respaldo oficial, permitiendo que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viaje a Paraguay para la firma formal del tratado.

El acuerdo vinculará a las economías de Alemania, España y el resto del bloque europeo con las de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, dando origen al mayor mercado integrado del mundo, con una base de 780 millones de consumidores.
El factor Italia: la llave del acuerdo
La aprobación no estuvo exenta de drama político. Hasta hace pocas semanas, el pacto parecía estancado debido a la sorpresiva oposición de Italia. Sin embargo, el gobierno de Roma cambió su postura tras recibir garantías de la Comisión Europea sobre fondos adicionales para el sector agrícola y la implementación de cláusulas de salvaguardia más estrictas.
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Estas salvaguardas permitirán iniciar investigaciones para suspender aranceles si las importaciones desde Sudamérica aumentan un 5% o si los precios internos caen por debajo del promedio de los últimos tres años, un umbral más bajo que el 8% propuesto originalmente.
La resistencia de Francia y el agro europeo
A pesar del avance, el rechazo no fue unánime. Francia, liderada por el presidente Emmanuel Macron, votó en contra junto a países como Irlanda. Macron calificó el pacto como «un acuerdo de otra época» y «obsoleto», argumentando que pone en riesgo la soberanía alimentaria europea y expone a sus agricultores a una competencia desigual.
Las protestas de productores agropecuarios en París y Polonia durante las últimas horas reflejan el descontento de un sector que teme la afluencia masiva de productos sudamericanos con estándares de producción distintos a los europeos.
Impacto económico y geopolítico
Más allá de la eliminación de aranceles y el impulso a las exportaciones industriales de Europa, el tratado tiene un peso geopolítico estratégico.
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Crecimiento: Se estima que el acuerdo podría impulsar la economía del Mercosur en un 0.7% y la de la UE en un 0.1%.
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Presencia global: Para Bruselas, este paso es fundamental para fortalecer su presencia en América Latina, una región donde China ha ganado terreno aceleradamente como proveedor y comprador de materias primas.
Con la firma prevista para este lunes en Asunción, el texto pasará ahora al Parlamento Europeo para su ratificación final, cerrando así un capítulo de un cuarto de siglo en la diplomacia comercial transatlántica.





















































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