Un kilo de pollo producido en Argentina tiene huellas hídrica y de carbono que son “significativamente menores” en comparación con otros países. Así lo determinó un relevamiento en 14 granjas realizado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Centro de Empresas procesadoras Avícolas (CEPA), con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación.
El trabajo indicó que la huella de carbono de un kilo de carne aviar es de 1,50 kilos de CO2, y la de agua es de 0,54 metros cúbicos. La mayor injerencia, en el caso del carbono, lo tienen la producción y elaboración de piensos, con el 42%, mientras que la granja representa el 29% y la fase de frigorífico un 25%. En cuanto al agua, la producción de piensos (alimentos) significa un 49%, el frigorífico un 38% y la granja un 10%.
La huella de carbono es la suma de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a lo largo de todo el ciclo productivo y de consumo de un producto, y la huella de agua es la métrica que cuantifica el impacto ambiental relacionado con ese elemento.(TN)













































