La noticia del cierre definitivo de la planta de Tía Maruca en Albardón, San Juan, sacudió al sector alimenticio y a la comunidad local por igual. Tras más de dos décadas de protagonismo en las góndolas argentinas, la emblemática fabricante de galletitas decidió cesar sus actividades industriales de manera permanente. El establecimiento ya venía atravesando un periodo crítico desde el año pasado, con interrupciones en la producción que adelantaban un desenlace complejo en medio de un escenario económico adverso.
Durante el transcurso de 2024, la empresa había intentado dar un giro a su situación financiera con el ingreso de Argensun Foods, que adquirió el 50% de la marca. Esta operación, realizada en conjunto con el fundador Alejandro Ripani —quien conservó la otra mitad de la firma—, tenía como objetivo inyectar capital para reactivar la fábrica y proyectar un volumen de producción de 20.000 toneladas anuales. Sin embargo, la apuesta por sumar nuevas marcas y revitalizar el esquema industrial no fue suficiente para contener el deterioro de las variables macroeconómicas que afectaban la operatividad diaria.
La inviabilidad de la planta se explica por una combinación de factores que asfixiaron la rentabilidad del negocio. La caída estrepitosa del consumo interno, sumada al incremento constante en el precio de materias primas esenciales como la harina y el azúcar, generó un escenario de costos imposibles de sostener. Además, las dificultades para acceder a financiamiento y la fuerte presión impositiva terminaron por quitarle competitividad a la marca frente a opciones más económicas en el mercado de las galletitas dulces, forzando a la dirección a tomar la decisión de bajar las persianas.
El impacto de este cierre se siente con especial dureza en San Juan, donde la fábrica de Tía Maruca era considerada una fuente vital de empleo directo e indirecto para la zona. La medida dejó a decenas de trabajadores sin empleo, lo que genera un fuerte impacto local y un vacío difícil de llenar en la economía de Albardón. Con este cierre, se apaga uno de los motores industriales más reconocidos del país, marcando el fin de una era para una marca que supo ser un ícono de la industria alimenticia argentina desde su creación en 1998.



















































