- *Por Baby Etchecopar
En mis sesenta y dos años lo único que he escuchado fue «Como dijo Perón…». Incluso en las más atroces de las dictaduras, en algún momento, los generales parafrasearon al General tratando de congraciarse con sus torturados y desaparecidos. Todos, absolutamente todos, usaron a Perón para enriquecerse, para someternos a sus más bajos instintos, para desilusionarnos, para quedarse con lo que es nuestro, para saquear al país, para obligarnos a matarnos entre nosotros como monos en una isla con una sola banana.
Perón, el multifuncional Perón, el prestidigitador Perón, capaz de convertir al más insospechado, al más inepto, al más inescrupuloso, al más comunista, al más fascista, en peronista, endiosarlo y luego convertirlo en duhaldista, menemista, isabelista, lopezrreguista y cuantos «istas» se le ocurran hasta llegar al kirchnerista.
Este preámbulo es sólo para tratar de explicar que hace doce años -y yo con muchas decepciones menos- creía en mi país, y creía que no podía haber nada después de De La Rúa que nos hiciera un corralito que se quedara con lo nuestro, que dividiera las aguas, en fin, que nos arruinara la vida. Y le pedí a Dios -ya que Dios es argentino y siempre nos salva a último momento del autoritarismo y la insólita vocación del Peronismo de perpetuarse en el poder y sentirse monarcas por el solo hecho de ganar una elección, y así fue que en el peor momento en que la corrupción del Peronismo socavaba los intereses de la patria, Dios se llevó a Eva y el General cayó en el abismo de su impotencia, y sus obsecuentes y genuflexos lo empujaron al golpe.
Después de muchos años, el General volvió y Dios se lo llevó y se encarnó en Menem. Y Dios volvió a actuar y llegó Néstor; y cuando Nestor se preparaba para hacer «El uno dos» por veinte años más, otra vez apareció Dios y quedó Cristina por ocho años, ocho largos años de desprecio, desunión, corrupción, saqueos, largas peroratas, explicando lo que solo ella y sus hipnotizados seguidores en su derrotero mesiánico podían creer y explicar, revoluciones sin rumbo acompañadas por bombardeos a Estados Unidos y la imagen de una Europa parecida a las provincias que ella gobernaba, iguales a la miseria.
Pero se terminó. Dios existe y nos puso a Francisco. Entonces la pasionaria entendió que había un techo y el pueblo que había un hombre. Ese hombre estaba junto a Dios y Dios hoy nos demostró otra vez que es argentino.
Pero no ganó Macri, ganó usted, yo y hasta cualquiera de La Cámpora que jamás pensó mientras tocaba el tambor que no se puede pasar la vida mirando un palco desde abajo, que no se puede vivir retrocediendo, que no se le rinde pleitesía a nadie. Que no hay inspirados, que la salida la tenemos nosotros y que nosotros, somos nosotros, usted y yo, así que nada de festejos y alegrías como el caballero de la máscara de hierro, a bañarse a afeitarse y a salir a la calle a trabajar, a no perder más tiempo que ya perdimos doce años y a pararnos firmes y pedirle al nuevo dignidad, dignidad.
Que se acaben los almácigos de pobres regados con planes para aplaudir los monólogos insólitos en los que se verdegueaba al que no pensaba igual y esos bailes que asemejaban a mi tía, la soltera, en el final de una fiesta de quince en la foto que nadie quería salir. Y que el que venga trabaje por los derechos humanos y no para los sueños compartidos y que haga, si se anima, una CONADEP de la corrupción, y si no se anima, atrás vamos a estar todos para poner el pecho porque sabemos que vienen tiempos difíciles, que lo que ayer bailando con la música de Fito Páez, Ignacio Copani y La Mancha de Rolando parecía facilísimo, ahora desde la oposición lo van a ver desde su imposibilidad como imposible y se acabarán los Boudou, mejor dicho, se los escuchará pero no ejecutando mal la guitarra. Se los escuchará en Comodoro Pi y tal vez Hebe de Bonafini tendrá que dejar de juzgar periodistas y explicarle a Oyarbide la supuesta estafa de «Sueños Compartidos» y, si así no lo hiciere, terminar los trámites de adopción, ya que adoptó como su hijo a su socio Sergio Schoklender. Quizás «Betty» Alperovich regalará alguna de sus diez mansiones a alguno de los vagos, según ella, que cortan las rutas con hambre.
Empezamos a recorrer un nuevo camino. Salvo los chinos, hoy mismo cambiamos el amarillo por celeste y blanco. Sé que amanecerá con cuarenta y cuatro millones de integrantes del Pro. Yo no. Como dije cuando empecé esta nota, tengo sesenta y dos años, me quedan muy pocos para disfrutar, para vivir, para no tener que tomar una pastilla cada vez que escucho con que insolencia se le miente al pueblo.
No lo quiero a Macri, no es el presidente ideal para mí, pero tal vez si todos lo ayudamos, podemos terminar amándolo y despedirlo con un aplauso y no con esta rara sensación de estafa, con esta angustia que da el sentirse saqueado, con esta sensación de ridículo de tener que escuchar que a un presidente lo asesora un pájaro o que otro es un arquitecto egipcio, creo que aprendimos que tenemos que empezar a vivir enserio porque, así como vamos, vamos mal. Empecemos a vivir, aprovechemos que Dios es argentino. (Infobae)












































