El Valle de la Muerte es el lugar más bajo, seco y cálido de América del Norte. En verano registra temperaturas de 50 ºC. ¿Cómo es posible que el aspecto de uno de los lugares más áridos del planeta haya cambiado?.
La respuesta, como muchos de los fenómenos climáticos extremos de esta temporada, tiene que ver con El Niño. El promedio anual de precipitaciones en el Valle de la Muerte es de 60 milímetros, pero el intenso efecto de El Niño ha traído un nivel de lluvias que no se veía desde el periodo 2004-2005, durante el que se alcanzaron los 150 milímetros de espesor.
Como pasó entonces, el agua y la suavidad de las temperaturas han permitido este año el florecimiento de una extensa alfombra dorada de flores silvestres. Además de las predominantes flores amarillas, también se ven otras blancas y púrpuras creciendo entre la roca agrietada. Los turistas paran sus autos a un lado de la ruta para hacerse selfies con esta rara exhibición de la naturaleza que podría no volver a repetirse en muchos años.
«Hay más de una docena de especies de flores silvestres que transforman la zona, de ser el Valle de la Muerte a ser el Valle de la Vida» cuenta Alan Van Valkenburg, uno de los guardaparques. El fenómeno se conoce como super bloom o súper floración y se dice que ocurre aproximadamente una vez cada diez años.
A pesar de su nombre y de su clima hostil, el Valle de la Muerte alberga más de 1.000 especies de plantas. También hay unos extraños peces plateados nadando en el acuífero del Hoyo del Diablo (una cueva que forma parte del parque), y borregos cimarrones vagando por las laderas de las montañas.











































