«Querer es poder; cuando se quiere, no existen límites», o tantas otras pueden resultar simples frases que «suenan bien», pero cuando dejan de ser eso y se convierten en hechos de la vida cotidiana, merecen ser contados.
Una de esas tantas historias que se repiten a diario es la de Daniel, un hombre de General Ramírez. Tiempo atrás tomó la decisión y concurrió a la oficina de Seguridad Vial para obtener su Licencia de Conducir. En ese momento confesó que nunca se había animado a realizar el examen teórico porque tiene problemas de lecto-escritura.
Lo que hubiese podido ser una respuesta negativa, de indiferencia o «vaya a estudiar y después vuelva», en este caso no fue así. Daniel tuvo eco en el personal del área y gracias a su buena predisposición logró obtener su carnet.
Ahora, en forma de agradecimiento volvió a concurrir al municipio, pero ya como flamante conductor y con «los papeles en regla». Mostró la moto que pudo comprarse gracias al esfuerzo que pone en su emprendimiento.
Aunque parezcan cuestiones menores, como las de Daniel hay muchas historias, que solo están invisibilizadas. Por eso merecen ser contadas, para ayudar a otros y otras que por la desigualdad social u otras cuestiones, no parten de las mismas condiciones de posibilidad para alcanzar los pequeños o grandes objetivos de su vida. (Informe Litoral)

















































