En un rincón de la provincia de Córdoba, el tiempo parece haberse detenido, o al menos transcurre con una parsimonia distinta. Don Florentino Oscar D’Olivo, el hombre más longevo de la provincia, celebró sus 105 años de vida. Lejos de la fragilidad que los años podrían sugerir, Oscar recibió a su familia, amigos y vecinos con la misma lucidez y picardía que lo caracterizan desde que nació, allá por enero de 1921.
Nacido en el seno de una familia numerosa —es el onceavo de 14 hermanos—, Oscar atribuye gran parte de su felicidad al amor. Estuvo casado durante 67 años con Enriqueta Peschiutta, a quien conoció en los bailes del Bochas Sport Club. De esa unión nacieron sus cuatro hijos: Adriana (75), Analía (72), Raúl (66) y Daniel (63).

«El amor es lo mejor de todo, es lo que hace a las personas más buenas», afirma con convicción. Aunque admite que le cuesta comprender la volatilidad de los vínculos actuales, sigue apostando por las nuevas generaciones y mira siempre hacia adelante.
Ante la pregunta inevitable sobre cómo llegar a los 105 años con semejante vitalidad, Don Oscar no duda. Más allá de evitar los excesos en las comidas y bebidas, destaca un factor espiritual y social: vivir sin rencores.
«Hay que vivir deseando el bien a todos, incluso a aquellos que no se lo merecen. Rezo todas las noches por mis amigos y también por quienes no me quieren», confiesa.
Esa paz interior se complementa con una salud de hierro. Como dato curioso, su servicio de emergencias médicas le entregó un reconocimiento especial: en más de 30 años de afiliación, nunca necesitó pedir una ambulancia. Su autonomía es tal que sigue recorriendo las calles de la ciudad a pie, saludando a cada vecino por su nombre.
La relación de Oscar con el éxito no solo pasa por los años, sino también por las amistades. Cada cumpleaños, recibe un regalo muy especial desde Europa: una camiseta enviada por Paulo Dybala. El campeón del mundo forjó un vínculo con él en su infancia en Colonia Caroya, compartiendo tardes de truco y almuerzos. Fiel a la tradición, el futbolista le envía una casaca personalizada con el número de su edad, un gesto que Oscar atesora como un trofeo.

Sin embargo, no todo ha sido celebración. El año pasado, Don Oscar vivió un momento amargo cuando la justicia electoral lo excluyó del padrón por superar los 102 años. «Mi cuerpo entero, con la mente clara, estaba listo para ir a cumplir», reclamó en su momento, defendiendo su derecho a participar del futuro del país que tanto ama.
Hoy, a sus 105 años, Oscar D’Olivo bromea con la muerte diciendo que ella le debe tener «una estima especial» por darle tantas chances. Mientras tanto, Colonia Caroya celebra a su ciudadano ilustre, un hombre que demuestra que la verdadera juventud se lleva en el corazón y en la falta de odio.












































