La ola de calor y de sequía que azotó a Argentina en diciembre y enero, generaron impactos negativos en muchas producciones, entre las que se cuentan las verduras y frutas. Eso hizo además, que los precios tuvieran aumentos, como ocurrió con el tomate y la lechuga. Según el último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en diciembre pasado, el productor por el kilo de tomate recibió $ 31,75 y el consumidor pagó $ 152, una diferencia del 378,74%. Pero en enero, hubo lugares donde este producto llegó hasta los $ 400 y $ 500 en las góndolas.
Desde una verdulería de Crespo,explicaron que “la sequía está influyendo mucho; siempre decimos que el precio es por oferta y demanda y cuando hay situaciones climáticas como la que tuvimos, hay poca oferta y con mucha demanda, suben los precios. Las altas temperaturas que hubo en enero, ‘quemaron’ mucha verdura y hasta que vuelva a producirse nuevamente, se necesita un tiempo».



















































