El desarrollo estratégico de Vaca Muerta se ha consolidado como el motor principal para el fortalecimiento de la soberanía energética argentina. Gracias al incremento sostenido en los niveles de extracción y, fundamentalmente, a la puesta en funcionamiento del Gasoducto Perito Moreno (anteriormente denominado Néstor Kirchner), el país ha logrado disminuir de manera progresiva el volumen de gas importado para abastecer la demanda interna.
Esta mejora en la balanza energética se refleja claramente en las estadísticas de los últimos periodos. Mientras que en 2023 fue necesaria la adquisición de 30 buques con gas natural licuado (GNL), la cifra comenzó a retroceder en 2024 con 28 cargamentos, alcanzando el año pasado un nuevo mínimo de 27 embarcaciones. Esta reducción no solo representa un ahorro significativo de divisas para el Estado, sino que también valida la eficiencia de las obras de infraestructura destinadas a conectar los yacimientos con los centros de consumo.
La capacidad de transporte del gasoducto ha sido la pieza clave para desplazar el combustible extranjero por producción nacional. Al permitir que el fluido proveniente de la Cuenca Neuquina llegue de manera directa y masiva a los principales nodos industriales y hogares del país, se ha logrado mitigar la dependencia de los mercados externos, posicionando a Vaca Muerta como el eje central de la transformación de la matriz productiva y el equilibrio económico del sector energético.

















































