Dos devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el territorio de Venezuela, dejando hasta el momento un trágico saldo de al menos 235 personas muertas y 4.300 heridas. Las operaciones de emergencia se desarrollan a contrarreloj en distintas regiones mientras el Gobierno avanza con un balance preliminar de la catástrofe. El último reporte oficial confirmó que 2.927 familias quedaron damnificadas, al menos 157 personas permanecen desaparecidas y cerca de 200 continúan atrapadas bajo los escombros, por lo que se teme que la cifra de víctimas fatales pueda incrementarse con las horas.
El epicentro de la destrucción se localizó en el estado de La Guaira, donde más de 100 edificios colaron por completo. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, recorrió el área afectada para coordinar el despliegue de maquinaria pesada abocada a la remoción de estructuras y localización de sobrevivientes. El impacto edilicio a nivel nacional es severo, registrándose 250 edificios con graves fallas estructurales y ocho centros hospitalarios afectados, lo que obligó a realizar evacuaciones de emergencia de pacientes y personal sanitario.
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Ante la magnitud del desastre y tras una solicitud de asistencia por parte de las autoridades interinas venezolanas, Estados Unidos anunció el despliegue de fuerzas militares para brindar soporte logístico en las tareas de socorro. En paralelo, en un giro político clave para la emergencia, el Departamento del Tesoro estadounidense flexibilizó las sanciones contra Venezuela, autorizando de forma temporal todas las transacciones vinculadas directamente con el ingreso de ayuda humanitaria para la población.
Durante la madrugada comenzó a registrarse el arribo de los primeros cargamentos de asistencia internacional y se espera la llegada de nuevos aviones sanitarios con insumos médicos. A partir de este viernes, grupos de rescatistas especializados de diversos países se incorporarán a las tareas en el terreno para intensificar la búsqueda, localización y salvataje tanto de personas como de mascotas que aún permanecen atrapadas en las zonas de desastre.














































