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Para el INTA, la nutrición balanceada es la clave para elevar el rendimiento y la calidad de los granos

Especialistas del organismo advierten que en cultivos como el trigo la brecha productiva alcanza hasta un 50% por manejos inadecuados. Destacan el impacto directo del nitrógeno, fósforo, azufre y zinc en el volumen de cosecha y en las propiedades comerciales del cultivo.

Para el INTA, la nutrición balanceada es la clave para elevar el rendimiento y la calidad de los granos

La brecha entre los rendimientos que potencialmente puede alcanzar un cultivo en secano y los que efectivamente se logran en los campos sigue siendo uno de los mayores desafíos para la agricultura argentina. En zonas clave como el sur bonaerense, las diferencias productivas en el cultivo de trigo oscilan entre un 35% y un 50%, lo que representa una pérdida de entre 2,5 y 3,5 toneladas por hectárea. De acuerdo con lo explicado por Hernán Sainz Rozas, especialista del INTA Balcarce, este desfasaje no se debe únicamente a factores ambientales o climáticos, sino que está estrechamente vinculado a una nutrición inadecuada de las plantas y al deterioro físico general que presentan los suelos agrícolas.

El nitrógeno se posiciona como el elemento central para revertir esta situación, ya que su uso eficiente determina tanto el volumen final de la cosecha como las propiedades comerciales del grano. Según los datos técnicos difundidos por el especialista, el impacto de una fertilización planificada es contundente: por cada kilo de nitrógeno aplicado se pueden obtener entre 10 y 30 kilos de grano adicionales, mientras que con el fósforo la respuesta varía entre 10 y 50 kilos de grano. Asimismo, otros nutrientes esenciales muestran retornos muy significativos, con respuestas productivas que se ubican entre 120 y 240 kilos de grano por kilo de azufre, y saltos de entre 300 y 600 kilos por hectárea mediante la aplicación de zinc en suelos con deficiencias severas.

La investigación del INTA demostró que las carencias nutricionales generan un efecto en cadena que debilita el aprovechamiento de todo el sistema. Por ejemplo, la falta de azufre reduce drásticamente la eficiencia en el uso del nitrógeno y limita los niveles de proteína y gluten, que son las variables comerciales exigidas por la industria molinera para la calidad panadera. Un escenario similar se observa con el zinc, cuya escasez en el suelo bloquea y disminuye la asimilación del fósforo por parte de la planta, afectando el desarrollo inicial del cultivo.

Para superar estos techos productivos, el organismo técnico resalta que ya no basta con aplicar recetas fijas de fertilizantes, sino que se requiere un enfoque de manejo integral y balanceado. Los especialistas recomiendan generalizar la práctica de los análisis de suelo al inicio de la campaña y complementarlos con herramientas tecnológicas modernas de monitoreo. En el caso de nutrientes móviles como el nitrógeno, cuya disponibilidad fluctúa de manera constante, el uso de sensores de vegetación e imágenes satelitales durante el ciclo del cultivo se vuelve indispensable para ajustar las dosis exactas según la demanda real de cada ambiente productivo.

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