La ciencia argentina se prepara para un salto sin precedentes en la exploración espacial. A partir del próximo 6 de marzo de 2026, el país formará parte activa de la misión Artemis II de la NASA mediante el microsatélite ATENEA. Este dispositivo, un CubeSat clase 12U diseñado y construido íntegramente en Argentina, viajará a bordo del cohete Space Launch System (SLS), el lanzador más potente de la agencia estadounidense, marcando el regreso de misiones tripuladas a la órbita lunar tras más de cinco décadas.

El despliegue de ATENEA representará un récord histórico para la industria satelital nacional, ya que se liberará en la primera etapa de la misión a una distancia superior a los 70.000 kilómetros de la Tierra. Este hito posiciona a la tecnología argentina en un escenario de visibilidad global, demostrando que el país posee el talento y la visión necesarios para integrarse a la nueva economía espacial. El microsatélite ya se encuentra en los Estados Unidos, habiendo superado los estrictos estándares de seguridad y confiabilidad que la NASA exige para vuelos con personas a bordo.
El objetivo central de la misión de ATENEA es validar tecnologías críticas en el entorno del espacio profundo. Durante su trayectoria, el satélite medirá dosis de radiación en órbitas extremas, evaluará el comportamiento de componentes comerciales ante las hostiles condiciones espaciales y pondrá a prueba enlaces de comunicación de largo alcance. Estos datos serán fundamentales para elevar el nivel de madurez de los subsistemas desarrollados en el país, permitiendo que futuras misiones argentinas cuenten con componentes ya probados en situaciones reales de alta complejidad.

Este logro es el resultado de un esfuerzo federal y académico de gran escala coordinado por la CONAE. En el desarrollo de ATENEA convergieron capacidades de la empresa VENG S.A., la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Instituto Argentino de Radioastronomía, junto al aporte científico de las universidades nacionales de La Plata (UNLP), San Martín (UNSAM) y la Facultad de Ingeniería de la UBA. Con esta participación, Argentina no solo consolida su inserción en programas internacionales de exploración lunar, sino que ratifica la excelencia de su sistema científico-tecnológico frente a los desafíos más exigentes del siglo XXI.











































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