En lo que representa uno de los hitos más significativos de su política exterior, el Gobierno nacional concretó este jueves la firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco con los Estados Unidos. La rúbrica tuvo lugar en la sede de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) y marca el cierre formal de una negociación que comenzó tras el encuentro bilateral entre los presidentes Milei y Trump en la Casa Blanca.

El canciller Pablo Quirno, encargado de sellar el pacto junto al representante comercial estadounidense Jamieson Greer, celebró el logro a través de sus canales oficiales: «La Argentina será próspera», afirmó, destacando el trabajo conjunto para construir un marco que fomente la llegada de capitales y fortalezca el intercambio de bienes y servicios.
Ejes centrales del acuerdo
El convenio establece una hoja de ruta ambiciosa que abarca desde la apertura de mercados agrícolas hasta la cooperación tecnológica y digital. Los puntos más destacados incluyen:
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Reducción de aranceles: Argentina otorgará acceso preferencial a productos tecnológicos, maquinaria, fármacos y vehículos estadounidenses. Por su parte, EE.UU. eliminará gravámenes sobre recursos naturales específicos y productos farmacéuticos no patentados.
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Apertura agrícola: se habilitó el ingreso de ganado bovino vivo estadounidense a la Argentina y se proyecta la apertura para carne aviar en el plazo de un año. Ambos países se comprometieron además a facilitar el comercio recíproco de carne de res y productos lácteos.
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Minerales críticos y energía: el acuerdo pone especial énfasis en el sector minero, buscando atraer inversiones para la extracción de litio y otros minerales esenciales, además de establecer una cooperación para estabilizar el mercado mundial de la soja.
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Economía digital: la Argentina reconoció a los Estados Unidos como una jurisdicción adecuada para la transferencia transfronteriza de datos, lo que facilitará la operación de empresas tecnológicas y servicios digitales entre ambas naciones.
Un nuevo marco para el comercio bilateral
El tratado no solo se limita a lo arancelario, sino que también introduce normativas de seguridad económica y estándares laborales. El documento prohíbe las importaciones provenientes de países que no respeten prácticas mercantiles justas o normas de trabajo internacionales, y establece mecanismos para evitar distorsiones provocadas por empresas estatales o subsidios industriales.
Desde el entorno de la Casa Rosada aseguran que este paso es fundamental para la reactivación económica, ya que brinda la previsibilidad necesaria para el desembarco de grandes inversiones norteamericanas en sectores estratégicos como la energía y la infraestructura. Tras la firma, el acuerdo pasará ahora a las instancias administrativas correspondientes para su plena entrada en vigor.




















































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