La abomasitis en terneros lactantes se consolida como una de las patologías más críticas y subdiagnosticadas en los sistemas de cría bovina. Según datos de Provimi – Cargill Animal Nutrition & Health, aunque la enfermedad es infrecuente en animales adultos, en los ejemplares jóvenes alimentados con leche o sustitutos puede manifestarse de forma aguda y fulminante. Estudios recientes revelan una realidad preocupante: hasta el 70% de los terneros presentan lesiones abomasales al momento del sacrificio, lo que indica que la prevalencia es mucho mayor a la que se percibe habitualmente en los campos argentinos.
El origen de esta afección es multifactorial y está estrechamente vinculado a errores en el manejo nutricional. La sobrecarga de leche o el uso de fórmulas con alta osmolaridad retrasan el vaciamiento del abomaso, provocando una fermentación excesiva de lactosa que genera gases y ácido láctico. Este proceso deriva en una distensión abdominal aguda, necrosis del tejido y una posterior proliferación bacteriana que desencadena una endotoxemia sistémica. En la mayoría de los casos, la progresión es tan rápida (entre 12 y 48 horas) que el diagnóstico suele confirmarse recién en la necropsia, donde se observan hemorragias y gas en las paredes del órgano.

En la práctica cotidiana, los signos más visibles incluyen el aspecto de «ternero hinchado», cólicos evidentes, postración y, en los cuadros más severos, la muerte súbita. El impacto económico es devastador, no solo por la tasa de mortalidad que oscila entre el 60% y el 90%, sino también por las pérdidas indirectas. Se estima que la pérdida de un solo animal neonatal puede superar los 100 dólares, cifra a la que debe sumarse el costo de los tratamientos intensivos y el retraso en el crecimiento de aquellos ejemplares que logran sobrevivir pero quedan con secuelas digestivas.
Para mitigar estos riesgos, los expertos enfatizan que la prevención es la herramienta más eficaz. Resulta fundamental controlar la temperatura de la leche (entre 36 y 39 °C), asegurar un calostrado eficiente en las primeras dos horas de vida y extremar la higiene de los baldes de alimentación para evitar la formación de biofilms bacterianos. Dado que el pronóstico médico es reservado incluso con terapia agresiva, el éxito de la producción depende de un enfoque integrado que combine nutrición precisa, sanidad rigurosa y un ambiente que minimice el estrés del ternero.





















































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