La ganadería ovina en la Patagonia está viviendo un cambio de paradigma. Ante la necesidad de diversificar ingresos y mejorar la eficiencia en ambientes desafiantes, un equipo de investigación de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Valle Inferior (Río Negro) impulsa el desarrollo de la raza Merino Dohne, una alternativa de «doble propósito» que promete revolucionar el sector.

El proyecto, liderado por el médico veterinario Ciro Saber, se centra en consolidar esta raza de origen australiano y sudafricano, capaz de ofrecer lo que históricamente parecía difícil de reunir: un excelente desarrollo carnicero y una fibra de lana fina con alta demanda en los mercados internacionales.
El equilibrio entre carne y lana
A diferencia de las razas tradicionalmente carniceras, que suelen producir lana gruesa de escaso valor comercial, el Merino Dohne rompe esa limitación. Según los datos del programa:
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Rendimiento cárnico: Los carneros adultos pueden alcanzar pesos de entre 102 y 120 kilos, lo que representa hasta 60 kilos de res al gancho.
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Calidad de lana: Produce fibras finas que mantienen precios competitivos a nivel mundial.
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Adaptabilidad: La raza ha mostrado una excelente aptitud materna y una notable capacidad de adaptación tanto en valles irrigados como en zonas áridas con pasturas adecuadas.
El proceso de «absorción genética»
El corazón del trabajo del INTA radica en un sistema de absorción genética. Este método consiste en realizar cruzamientos sucesivos entre machos puros de Merino Dohne y hembras de razas locales (como el Merino Australiano o la Comarqueña).
El esquema avanza por etapas:
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Primera generación: Los animales poseen un 50% de genética de cada raza.
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Segunda generación: Al volver a cruzar con un macho puro, se alcanza el 75% de genes Dohne.
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Consolidación: El proceso continúa hasta que los ejemplares cumplen con los estándares morfológicos y productivos para ser considerados de pedigree.
«El desafío fue unir lo mejor de ambas razas. Hoy el piso de nuestro plantel ya no es el Merino Australiano, sino la segunda generación de cruza», destacó Saber, quien además señaló que han logrado alcanzar hasta un 140% de señalada (supervivencia de corderos) dentro del módulo experimental.
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En un contexto donde la eficiencia productiva es clave, el Merino Dohne se perfila como una herramienta esencial. Al permitir que el productor obtenga animales con gran peso al gancho sin sacrificar el valor de su zafra lanera, esta raza ofrece una defensa económica robusta frente a las fluctuaciones del mercado.

Con resultados concretos en peso al destete y área de ojo de bife, el INTA busca que esta genética se derrame hacia los rebaños locales, fortaleciendo una de las economías regionales más emblemáticas de la Argentina.









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